
Durante años hemos escuchado la frase “somos lo que comemos”. Sin embargo, existe una verdad aún más profunda: somos lo que comen los animales que nos alimentan. La calidad de nuestros alimentos comienza mucho antes de llegar al plato; comienza en el suelo.
La producción ganadera moderna ha logrado aumentar la eficiencia y el volumen de carne disponible, pero muchas veces lo ha hecho alejando a los animales de su dieta natural.
En los sistemas de terminación a grano, los bovinos consumen grandes cantidades de concentrados para acelerar su engorda. En contraste, los sistemas regenerativos buscan que los animales expresen su comportamiento natural, alimentándose principalmente de pasturas diversas que crecen sobre
suelos vivos y saludables.
La diferencia no es solo filosófica. Diversas investigaciones, como la de Constanza Moltedo, publicada en Revista Argentina de Producción Animal, han demostrado que la carne proveniente de animales criados a pastoreo suele presentar mayores concentraciones de ácidos grasos omega-3, una mejor relación entre omega-6 y omega-3, más antioxidantes naturales y mayores niveles de ciertas vitaminas y compuestos bioactivos. En otras palabras, la calidad nutricional de la carne está directamente relacionada con la calidad de la alimentación del animal.
Pero la historia no termina en la pradera. La verdadera base de la nutrición se encuentra bajo nuestros pies. Un suelo sano alberga miles de millones de microorganismos que permiten el reciclaje de nutrientes, mejoran la estructura del suelo y favorecen el crecimiento de plantas más nutritivas.
Esas plantas alimentan a los animales, y esos animales finalmente nos alimentan a nosotros. Cuando regeneramos los suelos, estamos regenerando toda la cadena alimentaria.
La ganadería regenerativa entiende esta conexión. Su objetivo no es únicamente producir carne, sino mejorar la salud del ecosistema, aumentar la materia orgánica del suelo, capturar carbono, favorecer la biodiversidad y producir alimentos más densos en nutrientes.
La productividad sigue siendo muy importante, pero se convierte en una consecuencia de un sistema saludable, no en el único objetivo.
En un mundo cada vez más preocupado por la salud y el origen de los alimentos, vale la pena recordar que la nutrición no comienza en el supermercado ni en la cocina. Comienza en el suelo. Y si realmente somos lo que comemos, entonces también somos lo que comen los animales que nos alimentan.
Columna Diario Austral de Valdivia, domingo 14 de junio de 2026.
