El pasado martes 14 de junio se realizó la asamblea anual de socios de SAVAL FG. Después de innumerables reuniones vía online producto de la pandemia, regresamos a la presencialidad, una experiencia reconfortante. Se podía sentir el interés por participar.  Se extrañaba esa comunicación mirando a los ojos, intercambiando opiniones y visiones, sin la distancia de la pantalla. La alta convocatoria obtenida es sinónimo de ese interés.

A los socios les motiva conocer las actividades de su directorio, los logros del año, y los proyectos y desafíos para el próximo, informarse de la actualidad del gremio y tratar los temas contingentes. Sin duda la mayor preocupación este año es la violencia rural. Los socios de SAVAL FG, y en general todos los agricultores, colaboradores y habitantes del mundo rural de nuestra región, han sido testigos del alza desmedida de la violencia y del terrorismo. Cuando las autoridades y políticos creen que el mayor problema para el agro es el cambio climático o las “heladas”, se equivocan nuevamente, y de manera rotunda. Lo que el agro necesita es paz. Paz para trabajar, para proyectar la actividad, o simplemente, para vivir en el campo. No es posible pretender seguridad alimentaria si se permite el actual nivel de inseguridad. Se necesitan políticos comprometidos por la paz, que descarten la violencia sin peros ni tapujos, sin cuestionamientos, y que lo expresen de manera clara. Sin seguridad no habrá alimentos.

A la seguridad se suman políticas claras y que realmente apoyen el agro mirando el futuro. Cuando vemos que la crisis hídrica se extiende por el país y se hace cada vez más complejo producir alimentos, es inentendible que se proponga expropiar los derechos de agua a los agricultores. Una nueva fuente de incertidumbre, de inestabilidad. Y sin duda la propuesta de constitución que elimina el estado de excepción será un duro golpe en el camino a la seguridad rural

En la asamblea queda claro el mandato al Directorio de procurar la participación gremial de los agricultores, de generar cohesión y trabajo mancomunado para exigir el derecho a trabajar y vivir en paz.